El Aprendizaje Más Importante De La Universidad

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Luego de terminar las clases de la universidad, la ansiedad reapareció en mi. Un millón de dudas, miedos y preocupaciones resurgieron. Era un momento para celebrar, pero también era un momento de reflexión. Décadas de vida, esfuerzo y educación se remontaron en mi vida y me preguntaron al unísono: ‘Ajá, ¿y ahora qué hacemos?

Terminar las clases de la universidad me llevó a pensar sobre mi camino. Ya no hay nada ni nadie que me ayude a caminarlo. Uno se siente sólo, sin apoyo; bastante perdido.

Dicen que la universidad te deja recuerdos y aprendizajes para toda la vida. ¿Cuál fue el principal aprendizaje que me dejó la universidad? Esa pregunta dio varias vueltas en mi cabeza mientras se acercaba el día de cierre. Una respuesta empezó a aparecer una y otra vez, por más que intentase encontrar otra posible:

Por más que te prepares, nunca estás listo para nada.

La respuesta es corta, llena de ideas para desentrañar, con mucha reflexión que dar.

Muchas de las horas de nuestro día a día se van pensando en alguna sensación de seguridad y control; queremos prepararnos para muchos aspectos de la vida, pero nos perdemos en el camino. Nuestra mente y cuerpo se enfrentará a una situación que se escapa de nuestras manos y dedicamos nuestra energía en mentalizarnos para ese momento. Todos estos rituales y parsimonias caen antes de lo esperado al darnos cuenta que la preparación no nos ha ayudado en nada.

¿La preparación es importante para nuestro desarrollo? Sin duda alguna. Es esa actividad las que nos permite enfrentar circunstancias a las que no sabemos actuar. Sin embargo, la preparación solo nos indica que:

  • Estás capacitado para circunstancias que fueron previstas por tí u otras personas.
  • Tienes un condicionamiento que te permite actuar frente a problemas hipotéticos.
  • Logras una capacidad de respuesta efectiva si logras manejar los impulsos que identificaste en la preparación.

Supongamos que estamos estudiando para un examen. El estudiante dedica horas para repasar los temas que se discutieron en clase, incluyendo preguntas de exámenes anteriores, repasando actividades evaluadas en el transcurso del semestre. Este estudiante también pensó las preguntas posibles que el profesor podría incluir en el examen, redactando una posible respuesta para cada una de ellas. Luego llega el estudiante al día del examen lleno de nervios, con pocas horas de sueño y un dolor de cabeza. Todas esas horas de estudio desaparecen de su memoria en cuestión de segundos por los diferentes síntomas que padece su pobre estudiante. Ese estudiante no logra controlar sus impulsos, no toma en cuenta situaciones fuera de su control y pierde todo su esfuerzo de preparación. Lo que es peor, este estudiante se va a frustrar porque pensará que no se preparó lo suficiente.

Hay varios argumentos por los que sostengo que nunca estamos listos para nada:

  1. Nosotros solo estamos en capacidad de controlar nuestra individualidad, ni más ni menos, y en muchas ocasiones fallamos en ello. El mejor futbolista del equipo no puede controlar el clima, ni el arbitro incompetente o los jugadores del otro equipo que cometen infracciones a cada minuto. La persona solo puede prepararse para medianamente controlar sus capacidades e impulsos. Aunque te prepares para hacer una dieta, todos sabemos cuántas personas no tienen la voluntad de controlar el impulso de agarrar un chocolate cuando está pagando algo en la caja de la farmacia. Una de nuestras mayores frustraciones es que no tenemos la capacidad de controlar muchos de impulsos tan pequeños como estos.
  2. Hay decisiones que la persona nunca estará preparada para realizarlos. Pregúntale a cualquier adulto sobre cómo tomó la decisión sobre casarse o dedicar su vida a un trabajo y encontrarás la respuesta más sencilla que puede haber. Las personas toman decisiones difíciles y las siguen para ver qué sale de allí. En algún momento, nos damos cuenta que es más importante tomar la decisión en vez de preocuparnos tanto por la decisión correcta. Para muchas cosas, no existe la decisión correcta sino un mundo de opciones, cada uno con sus beneficios. Solo si experimentamos estas opciones, sabremos qué funcionará mejor.
  3. A pesar de que nos preparemos todo lo posible, la vida siempre nos lanzará cosas a las que no sabemos reaccionar. Mientras más nos preparamos en búsqueda de control de lo que está por venir, más perdemos en la pelea. Nadie está listo para perder un ser querido. Nadie está listo para que te despidan del trabajo. Nadie está listo para perder tu casa por algún fenómeno natural. La vida está compuesta de los buenos y malos momentos que te toca enfrentar. Qué linda noticia es tener un bebé; ¡qué complicado es mantenerlo! Qué bueno es haber logrado sacar adelante una empresa luego de largas noches sin dormir. Qué hermoso es reencontrarse con toda la familia luego de caerte a golpes con el call center de la aerolínea para que te cambiara el vuelo. Estos altibajos son la vida, con muchos tropiezos en el camino.

Sí podemos estar preparados para algo. Puede que la mejor opción es prepararse para saber que nunca estaremos preparados, tener ese confort psicológico de que siempre podemos seguir adelante y aceptar este hecho como la mejor opción que tenemos. Nuestros esfuerzos no serían tan divertidos si luego conocemos lo que está al final del horizonte.

El secreto de prepararse está en la continuidad del aprendizaje, en saber que siempre hay algo nuevo que vamos a enfrentar. Está de nosotros saber si tomaremos estos obstáculos como una simple excusa para dejar a un lado nuestras expectativas o intentar nuevamente hasta lograr algún aprendizaje para el siguiente paso. No habrá momento en el que nos podamos sentir estancados si nos preparamos para estar en un continuo proceso de preparación.

Puede que eso era lo que la universidad me quería decir; que la universidad es solo un paso más para aprender a prepararse constantemente ante la vida, el trabajo, la familia y nuestras expectativas como individuos.

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