Las metáforas tienen una razón de ser más práctica de la que muchos pensamos. A veces consideramos que las metáforas confunden, enredan y redundan en un tema, pero cuando vemos a nuestro alrededor observamos lo contrario; son las metáforas quienes nos permiten hacer una comparación rápida de realidades para comprender conceptos ambiguos.
De esas metáforas sencillas se construyen muchas de las herramientas que tenemos a nuestro alrededor. ¿Por qué el símbolo de ‘guardar’ en cada computador es la imágen de un floppy disk? ¿Por qué nuestros tienen botones aunque no hay nada que presionar? ¿Por qué llamamos ‘ventanas’ a esos cuadros que están en el ‘escritorio’ de nuestras computadoras? ¿Y qué es eso de tener ‘carpetas’ en varios ‘archivos’ digitales? Estas son algunas de las metáforas que nos encontramos día a día y son tan familiares que las tomamos como algo normal. Olvidamos que estas metáforas fueron decisiones importantes de ingenieros y diseñadores que buscaron que nuestras computadoras se comprendieran con elementos familiares de nuestra cotidianidad. Se adaptaron terminologías comunes para dar a entender píxeles en una computadora.
Al igual que las metáforas de una computadora, existen casos que son diferentes, con una interpretación que tiende a ser olvidada. Es fácil perder el sentido de tantas metáforas que el hombre crea y olvida que tenemos a nuestro alrededor. Muchos elementos que son fáciles de comparar si encontramos la única verdad que los une.
Los proyectos son un buen ejemplo si vemos los pasos que tomamos para ejecutarlos:
- Tenemos una idea que hemos madurado por un tiempo.
- Desarrollamos esa idea en algo tangible que se pueda presentar.
- Luego de varias etapas, ese proyecto sale al mundo real y vemos si se sostiene por si mismo.
- Un equipo pequeño o grande te apoya para que el proyecto crezca.
- Cuidas, proteges y alimentas ese proyecto lo más que puedas.
- El proyecto tiene resultados inesperados que jamás pensaste.
- Ese proyecto se sostiene por si solo y es hora que te despidas y dejas que haga su propio camino en el mundo.
En estas etapas hay momentos de frustración en el que no sabemos si estamos triunfando o fracasando. Sí, también hay momentos de estrés y depresión en los que no paramos de pensar qué podemos hacer para mejorarlo. Solo así logramos que el proyecto salga y crezca hasta que no necesite más de ti.
¿No es este el camino de vida de cualquier ser humano?
Los proyectos se comportan de la misma manera que un niño. Necesitan mucha atención, cuidado, cariño y afecto en sus etapas iniciales. El infante va creciendo hasta que tiene cierta independencia. Cae en un período de ‘adolescencia’, que se encuentra con cambios impredecibles y acelerados. Luego empieza a consolidarse y aprender de estos cambios acelerados hasta que está en capacidad de sostenerse por si solo. Este es el momento cuando los proyectos logran tener vida más allá de la nuestra luego de que muchas personas contribuyen a algo que empezó como un niño, como un bebé.
La vida tiene mucho que enseñarnos de las diferentes etapas que tiene nuestro trabajo. La próxima vez que te encuentres frustrado con tu proyecto, evalúalo como un niño. ¿Qué necesita?¿En qué etapa de crecimiento está?¿Necesitas que más personas lo ayuden a crecer? Tendrás una respuesta más humana a tu problema.
Cada proyecto es como un niño. Ayúdalo a que crezca y madure, porque ese es uno de los legados que dejarás de tu vida.

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