Mentalidad de CEO vs. Mentalidad de Trabajador

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Manejar un proyecto con varias personas o pocos individuos necesita que comprendas distintas perspectivas de los procesos necesarios para llevarlo a cabo. Tener un horizonte es complicado a medida que los proyectos se alargan. Existe un balance entre la planeación estratégica, que te permite ver las actividades en un sentido macro, y realizar las actividades, que requiere visualizar pequeñas metas de corto plazo. Al ver los distintos ángulos que lo componen, el proyecto se hace más tangible.

Dos mentalidades son necesarias para establecer ambas perspectivas de un proyecto. Cada una es tan necesaria como la otra. Se complementan de manera constate. Si nos inclinamos mucho a una de ellas, perdemos nuestro horizonte.

Mentalidad de CEO

Esta mentalidad organiza, planifica, lidera, vigila y maneja las actividades necesarias para el desempeño del proyecto. El CEO no trabaja directamente en las actividades, pero asegura que todo está en orden. Mantiene la visión a largo plazo para que todas las actividades se dirijan en esa dirección.

La mentalidad de CEO involucra una capacidad de abstracción, sea mediante aprendizaje de libros y otros medios, para tener nociones teóricas del trabajo. Estos conocimientos son aplicados y transferidos a los distintos niveles de gerencia para aumentar la eficiencia y la efectividad.

La mentalidad de CEO también tiene sus debilidades. Hay momentos en los que si te quedas solo en la visión a largo plazo, terminas liderando un sueño. La mentalidad de CEO funciona cuando comprendemos que para lograr estos objetivos se requieren varias actividades menores, con metas delineadas y pasos a seguir para lograr un cierto resultado. La mentalidad CEO logra hacer el mapa; la mentalidad de trabajador es la que te ayuda a llegar a las metas que aparecen en ese mapa.

Mentalidad de Trabajador

Alguien tiene que realizar el oficio, ensuciarse las manos y ponerse a trabajar. La mentalidad de CEO es la que exige hacer las pequeñas actividades necesarias para avanzar el proyecto. A diferencia del CEO, está en contacto directo con los procesos que llevan al producto final. Esta mentalidad es necesaria luego de la planificación.

La mentalidad de trabajador nos ayuda a aterrizar todas las ideas del CEO. Es el momento de ponernos en acción y lograr lo que tenemos planteado. Así estamos en capacidad de ejecutar y ver cómo se están logrando las metas.

Quedarse en la mentalidad de trabajador también tiene sus problemas. Si estamos siempre en esta mentalidad, perdemos el norte de nuestro proyecto. A veces realizar actividades sin parar no es la mejor manera de terminar un proyecto si nos perdemos en la mitad del camino. Como el trabajador solo sigue las instrucciones del CEO, se puede perder la dirección del proyecto si la evaluación a largo plazo no es la correcta y las actividades planteadas no benefician el resultado final. Si es así, ninguna de nuestras actividades logran las expectativas esperadas y sin CEO que vigile el proyecto, empezamos a paralizarnos.

Lidiando Con Ambas Mentalidades

No es fácil balancear la mentalidad de CEO y la mentalidad de trabajador. Ambas mentalidades son muy atractivas. Si vemos en qué es buena cada una, es fácil escoger cuál funciona mejor.

La mentalidad de CEO es importante para iniciar proyectos, evaluar y hacer estatus de las actividades. Debe ser una manera de crear un mapa para llevar a cabo el trabajo.

Cuando finalizamos este proceso, la mentalidad de trabajador nos permite hacer las actividades planteadas y lograr las metas a corto plazo. Luego el CEO regresa a retomar las riendas, asegurando que se están cumpliendo todas las actividades planteadas.

Es así como podemos hacer un balance entre ambas mentalidades que nos permita finalizar nuestros proyectos de la mejor manera posible. Con ello, logramos nuestras ideas soñadas con acciones concretas. Y si estás estancado en una de las dos mentalidades, ya sabes para qué es buena cada una de ellas.

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