Es Cuestión De Cantidad

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El verdadero norte para cualquier persona creativa es la atención al detalle. Esta es la principal prioridad en cualquier área creativa. El resultado final de sus horas de trabajo refleja esa preocupación por pequeños aspectos del proyecto que pocas personas verán, pero son parte de ese producto.

La atención del detalle refleja la calidad de algo, pero existe una dicotomía en ambos términos. La calidad no permite que la creatividad llegue a su potencial, pero es la atención al detalle la que produce la calidad de algo. Cuando estamos en medio de un proyecto, no sabemos cómo terminará. No hay distancia entre nosotros y el resultado final, complicando aún más la posibilidad de definir algo que hacemos como algo que tenga ‘calidad’.

La calidad tiende a vincularse con la perfección, una palabra enfermiza para quienes empiezan algo. La perfección nos paraliza. La perfección es inalcanzable. Nunca llegaremos a nuestros ideales de perfección porque siempre tendremos expectativas más altas en nuestra cabeza. Es por ello que quien confunde calidad con perfección queda paralizado por un conflicto interno. Con nuestra voz interna criticándonos en todo momento, terminamos paralizados o haciendo trabajo seguro y mediocre.

La historia del artista perfeccionista, el que sufre y nunca llega a alcanzar su potencial, se ha perpetuado en la mente colectiva de las personas. Nos fascinan las historias de creadores confundidos y desadaptados aunque se puede decir que ellos podrían haber hecho mejor trabajo en su vida si tuvieran algo de estructura mental. Estos fascinantes casos son la excepción, no la regla. Aunque los visualicemos de esta manera, muchos de ellos eran más artesanos que artistas.

¿Cuál es la diferencia?

Para un experimento se separaron dos grupos en cuartos diferentes y se les indicaron unas instrucciones. A ambos grupos se les entregó arcilla. El primer grupo se les pidió hacer la mayor cantidad de macetas posibles. El segundo grupo se les indicó hacer una maceta, la maceta más perfecta que podrían realizar.

Al finalizar el experimento, el primer grupo logró hacer mejores macetas que el segundo grupo que procuró hacer la maceta perfecta. La explicación es sencilla. Somos personas que aprendemos a partir de la repetición. Mientras más hacemos, mejores resultados. Puede que las primeras macetas no hayan sido las mejores, pero el primer grupo aprendía de sus errores. La cantidad de macetas y el aprendizaje adquirido superó la obsesión por un producto perfecto. El primer grupo tenía una mentalidad de artesanos. El segundo grupo tenía una mentalidad del artista perfeccionista que tanto nos maravilla.

El primer grupo logró tener una mejor maceta porque estaban haciendo sin preocuparse tanto en el resultado final. Ellos trabajaban sin parar, sin saber que la calidad resultaba con la reiteración de la actividad. El otro grupo no tenía posibilidad de aprender y empezaron a hacer la idea cliché que tenían de una maceta. Y lo cliché es solo algo genérico, que no es ni ingenioso, creativo, y , a veces, ni siquiera lo más funcional.

La mentalidad de artesano nos enseña a trabajar siempre hacia un objetivo, entendiendo que siempre tendremos la oportunidad de hacerlo mejor.

Existe esta mentalidad en el mundo de la magia, de la comedia y los actos de variedad. Estos actos viajan por el mundo durante décadas realizando actos que duran entre 10 y 15 minutos. Estas personas varían sus actos constantemente, agregando nuevas ideas, eliminando otras, alterando música, recortando partes que consideraban las mejores de sus actos. El acto es una unidad que se va refinando con el tiempo y no se preocupan si es perfecto desde la primera vez. A medida que van presentándolo, incluyen ideas que tenían en mente y no sabían incluirlo en las fases iniciales. Reconocen la posibilidad de mejorar con el tiempo y consiguen soluciones a problemas creativos.

Cuando tenemos mentalidad de artesano, aceptamos la crítica con mayor interés. Asumimos que el resultado final se puede mejorar y que la contribución de una persona puede ser invaluable hacia el progreso de tu trabajo.

Imaginen si el iPhone no se hubiera producido porque Steve Jobs no hubiera tenido todas las tecnologías actuales. Cuando Apple introdujo el iPhone, era solo su idea inicial de lo que esperaban de un mini computador. Tenía muchos detalles por finalizar. El iPhone original ni siquiera podía hacer copy/paste. Pero cada año, Apple saca una mejor versión del producto. Cambian su software, mejoran el diseño, buscan arreglos en la cámara, utilizan materiales de mayor durabilidad, piensan en características que son mejor para el usuario. Diez años después, tenemos un producto muy superior al que introdujo Steve Jobs. Sin esta mentalidad de artesanos, Apple estaría aún perfeccionando el iPhone, abriendo este mercado para el resto de su competencia.

Al igual que un producto, existen muchos servicios, obras de arte y proyectos que han sido mejorados con el tiempo porque los creadores se han dado permiso de ello. Este es el resultado de las series de televisión, cuyo primer capitulo siempre suele ser menos refinado que el resto de la primera temporada. La primera película de un director puede ser muy buena, pero su estilo y visión mejora en las películas consecuentes.

La perfección debe ser nuestro ideal, mas no una meta en si. Debemos tener objetivos idealistas, pero nuestro resultado debe ser realista en base a las circunstancias en las que estamos. Ser realistas no significa ser mediocre. Ser realista permite que puedas terminar algo para avanzar en lo siguiente, donde podrás acercarte muy poco más hacia ese objetivo ideal. No existe un producto final, siempre vas a poder mejorarlo en algún momento, ya sea con otro producto o regresando a un punto inicial. Un director de cine sabe que si su cinta está enlatada, no la puede editar más (a menos que seas George Lucas), pero a partir de esa película puede aprender y desarrollar nuevas historias donde aplicará esas idea y concepciones que no hizo en su película anterior.

La respuesta de cómo pasar de un artista al artesano es incierta. Desde mi propia experiencia, se trata de trabajar constantemente hacia metas claras, aceptar que los primeros resultados no siempre serán los mejores y que existen nuevas oportunidades en el futuro. Si asumes que tienes que hacer el trabajo todos los días sin importar el resultado te ayuda a tener la disposición de experimentar y moldear los resultados.

En fin, enfocarse en la cantidad y no en la calidad. Cuando repetimos algo constantemente, de manera consciente, eventualmente mejoraremos hasta lograr la calidad deseada.

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