Pongo en duda cuando alguien tiene la absoluta certeza de algo. Cuando me doy cuenta de cosas en las que tengo absoluta certeza, también me pongo a dudar. Esa incertidumbre es la que me ha permitido tener curiosidad por tantas cosas.
Como mago, tengo conciencia de la infinidad de cosas que asumimos. Pensamos que vemos exactamente lo que está fuera de nosotros. Creemos que nuestros procedimientos lógicos siempre llevan a conclusiones definitivas. Consideramos que nuestra memoria es infalible y que tenemos la capacidad de recordar momentos con el mínimo detalle. La magia me ha enseñado a ser más humilde en estas capacidades porque estas afirmaciones tienden a esconder verdades mucho más profundas de lo que suponemos.
Actualmente, procesamos una cantidad de información que no se compara a lo que una persona promedio procesaba hace 20 años. Y en vez de poner a prueba la realidad, ese vértigo de información nos lo afirma todos los días. Ajustamos nuestra información al mundo que queremos ver y nos distraemos de aquello que puede incomodarnos. En vez de adoptar una multiplicidad de realidades, nos angustiamos en reafirmar la nuestra. Esto lo vemos en la polarización de opiniones que suceden con las cosas más pequeñas. Discusiones que terminan evadiendo el hecho que nos preocupa tanto tener un argumento sobre estos temas que no nos detenemos a pensar si todo aquello es una ilusión.
En un mundo de certeza, opto por el misterio. Prefiero aceptar lo inexplicable en vez de crear una respuesta a algo simplemente por tener la satisfacción de tener algún tipo de respuesta. Decido que si algo me genera rechazo, debe haber algo más profundo en el camino que es lo que realmente me produce esa reacción. Determino que nunca podré conocerlo todo. Hace algún tiempo leí que solo conocemos el 5 % de nuestro mundo. Este dato me hizo aceptar aún más el misterio de nuestras vidas.
Sucede muchas veces que, cuando presento magia, alguien quiere dar una respuesta inmediata a cómo hago mi magia. Dicen cosas como ‘tienes algo en la manga’, ‘déjame revisar esas cartas’, ‘es que eres muy rápido’. Estas respuestas las vociferan para tener alguna certeza de lo que vieron. Porque esa persona y yo sabemos que estaba arremangado durante toda la presentación, que esa persona mezcló las cartas antes de empezar la magia y que mis movimientos fueron tan lentos que se hace difícil encontrar respuesta en la rapidez. Estas personas buscan respuestas que ellos mismos saben que no son ciertas. Estos momentos muestran lo complejo de apreciar el misterio y quedarnos en él por unos momentos.
Aunque el ser humano siempre tendrá curiosidad en explicar las cosas, a veces no nos detenemos a pensar por qué nos genera tanta satisfacción explicarlas. La incertidumbre, a veces, puede ser mejor respuesta que la certeza. De esa manera, recibimos el misterio como un regalo, y no como una amenaza.

Deja un comentario