En magia, existen muchos secretos. Estos secretos son bastante profundos y difíciles de encontrar por diferentes razones. Siempre he pensado que es cómico que el secreto sea una de las cosas más seductoras en la magia cuando todo trabajo u oficio tiene secretos. Los médicos tienen secretos. Los abogados tienen secretos. Los publicistas tienen secreto. Los políticos tienen secretos. Todos tenemos algunos de nuestros mejores secretos detrás de un acuerdo de confidencialidad o escondidos por alguna ética de trabajo.
La diferencia está en que la magia siempre tiene conciencia de estos secretos y los esconde en sus mangas, como diría Max Maven. Desde el primer día nos dicen que no podemos revelar el secreto porque se pierde la magia. Ahora, muchos magos han puesto en duda esa perspectiva reduccionista de los secretos en la magia.
Hay algunos magos que escriben o publican en conferencias el verdadero secreto detrás de una técnica, una rutina, o la magia en su totalidad. A mí me fascinan estos secretos porque usualmente no tienen que ver con algo extremadamente novedoso o una técnica revolucionaria. Estos verdaderos secretos se encuentra en detalles mínimos, casi ignorados, de la magia. Cosas tan sencillas como maneras de crear rapport con tu público, utilizar sutilezas que distancian la mente aún más del verdadero secreto, o algo tan sencillo como un cambio de premisa que hace que toda la estructura del acto mágico tenga mucho más sentido.
Estos verdaderos secretos son aquellos que realmente hacen que nuestro trabajo cobre vida. Los verdaderos secretos tienen que presentarse en el momento correcto, en el tiempo correcto. Si no se presentan cuando estamos preparados para ellos, serán ignorados como una simpleza. Pero como diría el gran mago argentino Renee Lavand, ‘La belleza de lo simple, que no es en sí una simpleza’.
Lo que me llama la atención de estos secretos es que se vuelven tan parte de nuestro trabajo que, eventualmente, olvidamos que los estamos haciendo. Daré un ejemplo breve. Un mago amateur o principiante te mostraría una baraja de cartas y empezaría diciendo algo como: ‘esto es una baraja normal’. Poco sabe el mago principiante o amateur que, al verbalizar algo que parece ser obvio, ha mostrado su sentido de culpa, haciendo que los participantes empiecen a dudar la legitimidad de la frase y la ‘normalidad’ de la baraja de cartas. Ahora, pensemos cómo un verdadero secreto cambia esta dinámica.
Si yo abro una baraja de cartas e invito a que una persona la saque de su caja y empiece a mezclar, la sensación de que las cartas son normales es mayor. Simplemente, he dado una acción que puede hacer cualquier espectador fuera del control de las manos del mago. Sin embargo, el hecho que dé a mezclar unas cartas no signifique que esas cartas sean normales. Como el acto de dar a mezclar muestra que no tienes nada que esconder, el público sospecha mucho menos de esa baraja de cartas. Fíjense cómo un pequeño juego psicológico hace que un juego de magia sea mucho más profundo. No es un truco de magia totalmente nuevo, sino una pequeña sutileza que produce una sensación para que la magia sea aún más imposible.
Capaz y tú también has encontrado varios de estos verdaderos secretos en tu trabajo. Secretos que son solo eso, pequeñas ideas ingeniosas que facilitan nuestro trabajo y lo hacen aún más delicado.

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