En estos días empecé a releer un libro por cuarta o quinta vez. Cada vez que lo retomo, siento que estoy leyendo un libro nuevo. Si bien es un libro que ya se me hace familiar, todavía hay partes que siento que estoy leyendo por primera vez. Aunque no cambie el texto del libro, el lector ha cambiado.
El libro se llama Maximum Entertainment de Ken Weber. Este fue el primer libro de magia que leí en que no tenía nada de magia, pero tenía todos los secretos que necesitaba. Es un libro dedicado a la dirección de magia y cómo un mago debe entender la magia a modo de estructurar un espectáculo. Por más práctico que suene, es un libro que cambió profundamente mi pensamiento mágico y fue el punto de partida para crear el tipo de magia que realizo en la actualidad.
Mientras seguía leyendo este libro hace unos días, pensaba lo invaluable que es releer. Y no solo me refiero a libros, sino a otras cosas. En la actualidad vertiginosa que vivimos, parece que la relectura es una pérdida de tiempo. La mayoría supondríamos que existe tanta información disponible que releer sería negarnos la posibilidad de encontrarnos con algo nuevo. Sin embargo, muchos nos ahogamos en el mar de la novedad, donde el enfoque y la atención se pierde.
Cuando uno relee un libro o vuelve a ver una película, uno se reencuentra con algo conocido, pero que a su vez lo veremos como algo completamente diferente. Nos damos cuenta de que hay secciones que olvidamos, momentos que recordamos diferente y nos reencontramos con cosas que resuenan del mismo modo que la primera vez. El releer es una decisión de aproximar algo desde lo analítico y emocional, entendiendo que hay detalles que perdemos en la primera lectura y que nuestro estado emocional del momento afecta la manera en que realizamos esa lectura.
Otro aspecto que me puse a pensar es la relectura como un ejercicio autobiográfico. Cuando regresamos a un libro o una película, también regresamos a una versión de nosotros que en algún momento le dio un valor particular a ese artefacto cultural. Me pasa muchas veces que cuando releo algo se me escapa una sonrisa; por unos momentos, recuerdo lo que pensé sobre una línea en particular la primera vez que leí el libro. Allí empieza un diálogo entre el autor, mi primer lector y el lector presente. Ese diálogo muestra muchas veces un crecimiento que no solo me sorprende, sino que me regocija. Sin el ejercicio de releer, no me hubiera dado la oportunidad de pasar por esa experiencia.
Por último, siento que la relectura nos recuerda que la vida no siempre es sobre lo novedoso, sino de descubrir lo nuevo en espacios conocidos. Se ha mostrado que la lectura tiene beneficios similares a la meditación porque ambas actividades buscan encontrarnos con la cualidad del presente. El releer reafirma aún esta cualidad de la lectura, donde nos damos el chance de estar en el aquí y en el ahora, frente a algo que creemos familiar.
Poco es lo que releemos en el transcurso de nuestra vida porque nos cuesta. Los beneficios se esconden entre líneas y lucen menos atractivos. Sin embargo, agradezco darme el tiempo de releer cada vez que lo hago. Capaz y pueda cumplir los mismos beneficios para ti. ¿Ese libro que te encantó? Reencuéntrate con él una vez más, del mismo modo que lo haces con un viejo amigo.

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