Cuando vi Asteroid City, la última película de Wes Anderson, se me hizo claro que la película era la epítome de una tendencia regular en el cine y el arte actual. Vivimos en un momento donde la ansiedad del artista se agranda en un mundo que parece olvidarlo. Del arte pasamos al contenido, de la experiencia humana pasamos a la inteligencia artificial y de una realidad clara pasamos a un mundo donde se aprecian diferentes realidades. No es sorpresa que tantas películas, tanto comerciales como artísticas, tengan el multiverso como tema central.
Las artes tienen un tema central en los últimos años: ¿para qué hacemos lo que hacemos cuando parece que no ayuda con nuestro mundo? Porque en un momento, el arte tenía un sentido claro. Permitía expresar un mundo del cual las personas se podían transportar. Se transformaba algo para que tuviera una función estética. Hasta en el postmodernismo se utiliza el cinismo como una herramienta para exponer las cosas que no estaban bien en nuestro mundo.
Pero en la actualidad, vivimos en un metamodernismo, donde el arte tiene mucha conciencia de si mismo y que cuestiona su razón de ser. Por ejemplo, en la película Everything, Everywhere, All At Once se muestra la compleja identidad personal que tenemos que vivir en la actualidad. Vivimos en diferentes mundos que no nos dejan ser, de alguna manera o de otra. Sin embargo, esta película no reside en el cinismo, sino en la posibilidad de lograr lo que hacemos. Aquí se extiende el cuestionamiento del arte hacia algo personal, donde muchas personal se cuestionan su razón de ser en un mundo globalizado e interconectado.
Sin embargo, hay un camino. Si entendemos la cultura como una materia prima que genera cambios lentos, sabemos que hay un propósito. Esto se evidencia en los pequeños cambios que suceden en nuestra forma de entender el mundo. Se está creando cultura que cuestiona la identidad porque necesitamos nuevas maneras de afirmar nuestra identidad. Se hace necesario encontrar lo único dentro de la multiplicidad. Esto no solo es una ansiedad artística, sino la ansiedad de un mundo. Nos da miedo encontrarnos con esa ansiedad porque está muy latente en nosotros. Siglos después, nos reencontramos con el «ser o no ser» de Hamlet.
¿A dónde parará todo esto? En este momento, es muy incierto. Si hay algo que nos ha enseñado la historia, es que la cultura necesita cambiar de sistema operativo cada cierto tiempo. Y vivimos en una actualidad tan disruptiva que ese sistema operativo se hará más difícil de entender e implementar.

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